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Crítica literaria

ESCALERA DEL AGUA

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Autor José Manuel García Marín

Una novela histórica, que el autor ha sabido dotarla de un argumento real en consonancia con el contexto, en ningún momento deja de ser interesante y mantiene al lector expectante y ávido de conocer el desarrollo o desenlace final, lo que le mantiene en tensión y a veces le cuesta tener que dejar de leer por imperativo del sueño o de las tareas cotidianas.

La capacidad narrativa del autor y su forma descriptiva de escribir me recuerda a Cien Años de Soledad de García Márquez; y la forma de describir la tierra y los paisajes a nuestro gran escritor Miguel Delibes en el Hereje.

Nuestro personaje principal nace en 1942 y se casa en 1965, no obstante la historia comienza en el Siglo XVII con la expulsión de los moriscos.

A caballo de los S. XVII al XX podemos destacas varios aspectos:

Primero: el contexto histórico muy documentado y bien narrado, “El abuelo se levantó del escabel en que se hallaba sentado, paseó, como era su costumbre, con los pulgares en el cinto de cuero, y comenzó la narración: “hace más de un siglo, nuestros antepasados vivían felices en un reino que se llamaba Granada, en el que habían nacido tanto ellos como sus padres…”

Veremos el papel que al comienzo tiene el abuelo como contador de historias y mantenedor de tradiciones.

Segundo: la descripción de la miseria real en la que han vivido estas familias y que prácticamente ha continuado hasta nuestros días, “Las condiciones en las que se vivía en la minúscula aldea, muy semejantes a las padecidas trescientos años atrás, eran infrahumanas; mas para nosotros que no conocíamos otra cosa, aquel pedregal en el que se levantaban las chozas de piedra, era nuestra tierra, el hogar.”

Tercero: el abuelo contando leyendas a la luz del candil, siguiendo la mejor de las tradiciones andaluzas que por desgracia se esta perdiendo. “También el abuelo nos contaba cosas, pero eran leyendas de la comarca oídas a las gentes de los aledaños… Era de noche cuando solía hacerlo después de que diéramos cuenta de algún mendrugo de pan de centeno o de lo que bien pudiera componer mi madre para no irnos a la cama sin algo con lo que consolar las tripas…Unos de pie, otros sentados sobre el jergón de mis padres, todos a la luz del ennegrecido candil…”

Cuarto: los frailes como depositarios seculares de la cultura y como hombres piadosos que socorren y forman a nuestro protagonista, una formación que nos traslada a una de las partes mas bellas donde se describe en consiste un libro y se anima a la lectura “-A los libros no sólo hay que leerlos, Ángel –intervino de nuevo el bibliotecario-, hay que amarlos. No son simples objetos, sino mucho más, porque contienen el saber que el hombre ha adquirido a lo largo e los siglos. Es obligación nuestra conservarlos, ya que son la herencia a las siguientes generaciones…” “-fray Antonio pasó varias páginas y las dejó caer- Escucha, pues que ahora participa el oído, cómo crujen las hojas, que te darán idea de su consistencia y densidad. Ahora tócalas-y puso mi mano encima-, siente la rugosidad y el grosos del papel en las yemas de los dedos, acarícialo y huele el aroma mixto de pasta y tinta e incluso del tiempo, que aquí se detiene a impregnar las paginas. Disfruta de los sentidos y, después lee…” Esta descripción es muy difícil trasladarla al llamado “libro electrónico

Quinto: el amor, una historia sencilla que circula por las distintas páginas, dándole consistencia a la novela, pero sin estridencias. “Es cierto, más hay criaturas excepcionales, creadas, tal vez, de otra sustancia más liviana, por voluntad de Aquel que todo lo puede. Mi Alborada.” “He sido y soy feliz con alborada, la de los ojos de corza…”

Sexto: la muerte, vista como una forma de desenlace en la que el afecto, el amor tienen unos lazos que unifican las diferencias religiosas y culturales. “Tome la mano que me bendecía y la besé pero él acababa de expirar. Le retire las gafas y obedecí el pensamiento que con tanto sentido se alzó en mi conciencia. Me desabroché el cordón y colgué de su cuello el talismán. Un buen fraile sería enterrado con los símbolos familiares de un morisco.”

Y por ultimo, la descripción de la Escalera del Agua en el Generalife, es apasionante. “Vuelva a inclinarse sobre el canalillo pero, ahora acerque la oreja al agua y atienda, con la otra, el murmullo de la fuente del descansillo. Escuche ambas, a fin de conjugarlas… -¡Es un concierto ¡- exclamé. ¡En efecto¡ - confirmó- Un concierto del agua, con distintas notas en cada tramo de la escalera.”

Lo normal es que el visitante, contemple este lugar como uno más de los espacios bellos que contiene este enclave, pero la lectura de este libro, nos obliga a detenernos de forma especial en la Escalera del Agua y esperar a que se despeje el lugar, lo suficiente, como para escuchar en cada tramo, un concierto producido por el agua. Es un logro que para sí tiene el autor de esta maravillosa novela.

P.J.

 
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